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ESPACIO Y JUICIO. Sobre la IX Convocatoria de "Un espacio en un espejo"

Por José Antonio Méndez Sanz

 

1.- El pasado 19 de septiembre de 2007 nos reunimos en la Sala LAi de Gijón, Begoña Muñoz, Javier Felgueroso, Alfredo Colunga y quien esto escribe para decidir la obra ganadora de la convocatoria novena convocatoria "Un espacio en un espejo". Se trataba de valorar, entre los tres proyectos presentados, el que, supuesta su riqueza conceptual y plástica, mejor se adaptase al formato expositivo de instalación "a través de la ventana", que es el límite que dispone el espacio artístico LAi. Ventana/eje que define y articula, une y separa, sala (dentro) y calle (fuera), mundo físico y mundo virtual. Ventana de cristal ante la que el viandante ocasional se convierte, si llega el caso, en espectador y que está doblemente situada en un bajo del Barrio de la Soledad (Cimadevilla, Gijón) y en el sitio http://www.laimuseum.com. La documentación que había que analizar consistía no sólo en el documento visual, sonoro y/o audiovisual expresión más obvia de la propuesta, sino que incluía una memoria justificativa de la misma, puesto que la obra, como el propio espacio expositivo, es más que la "cosa" u "ob-jeto" recortado que se nos da ahí como un en sí ya ejecutado desde un saber absoluto de lo que se piensa y quiere hacer. Envuelve también un antes más o menos concebido (el proyecto, la justificación que es lo que se pide) y un después abierto (el cruce de las interpretaciones que a partir de él y sobre él se llevan a cabo, que es lo que se espera). Este antes y este después hacen que la supuesta objetividad de la obra deje de ser resultado para ser territorio: el arte ya no es sustantivo sino verbal, indefinidamente creativo. El premio, la recompensa prometida, consiste en la materialización de la propuesta ganadora. El premio es decisivo, pero, de nuevo, según una nueva forma de decisión: consiste en la seguridad de una realización, pero esta no es más que un incremento de las posibilidades creativas de la obra ganadora, no su inicio como tal. Y esto es importante: las obras no seleccionadas (y estas páginas son testimonio de ello) ya están multiplicando lo que hay, ya están creando. Pero, claro está, la recompensa para el ganador no es baladí: toda creación quiere seguir expandiéndose, y su plasmación física contribuye a ello. De ahí las dudas y las vacilaciones: todo lo presentado era potente, estaba ya creando; y costaba desechar algo vivo: ante la multiplicación de la vida uno se torna reverente, que no idólatra. Hubo debate y, a su calor, decisión ajustada; se acordó otorgar, además del primer premio, una mención extraordinaria. Ni siquiera se descartó instalar en su momento el tercer trabajo o alguno de sus elementos.

 

Tras la decisión, apertura de las plicas: supimos que habíamos dado la mejor valoración a lo enviado por Ernesto Coro Morán, yendo la mención para la obra a dos manos de Dionisio Muñoz Rosas y Jaime Rodríguez López. Y supimos que aquello que quedó fuera de los premios, sin ser por ello en absoluto desdeñable, antes al contrario, había sido remitido por Mónica Cabo Álvarez.

Merece la pena detenerse en el contenido de los tres trabajos.

 

2. La propuesta ganadora parte de la creación de un espacio multiplicativo dentro de la sala: sirva la ventana la galería de cuarta pared; las paredes de la izquierda y de la derecha son, respectivamente, un telón negro y la propia pared de la sala; el interés está en la pared de enfrente: la tercera pared es una fotografía de la fachada de la sala que ocupa todo el espacio, excepto el que corresponde a un escalón que va de lado a lado y que hay que subir si se quiere acceder a la puerta de la fotografía, que lleva el rótulo de salida. En la ventana fotografiada se ve lo que el espectador-viandante ve a través de la ventana. Es decir, toda esa tercera pared, con la salvedad de que aquí una rampa salva el desnivel entre el suelo y el umbral de la puerta de salida. En la ventana dentro de la ventana fotografiada, de nuevo la misma escena. Se supone ahora que hasta el infinito. Pero hay algo más: en el espacio así abierto, se instala una silla de ruedas-espectador que parece mirar tanto hacia la salida como a través de la ventana fotografiada, en la que se ve también una silla de ruedas contemplando una salida y mirando por una ventana.

Y he ahí la tensión: la capacidad de movimiento del viandante-observador supera a la del espectador-silla, incapaz de salvar la rampa que dificulta la salida. Y, además, por otra parte, la capacidad de salida del espectador-silla situado en el espacio abierto entre la fotografía pared y el espejo en ella reflejado es mayor que el del primer espectador-silla, puesto que dispone de una rampa de acceso a la salida.

El autor del proyecto ganador nos invita en su memoria a reflexionar sobre tres ideas: el espectador como mirón frente al degustador directo de la obra, la diferencia entre realidad y ficción (también entre acción limitada y pensamiento para el que todo es posible), la dificultad cotidiana del diferente para moverse en el mundo.

 

3. El segundo proyecto nos habla del deseo humano, que los autores sitúan entre la curiosidad (que lo incita) y la necesidad (que él suscita). Se busca indagar en el deseo como motor primario del comportamiento humano y de ver cómo en él se despliegan elementos fisiológicos (visuales) y psicológicos (mentales) del espectador. Para ello, se propone suspender en un espacio acotado tras la ventana de la sala, a diferentes alturas y a distinta profundidad una serie de recortables hechos de añejas imágenes de explícito contenido sexual, oscurecidas en su faceta exterior (la que es accesible al paseante a través de la ventana) y totalmente visibles en su envés (es decir, sólo el que, verdaderamente deseoso, entre en la galería completará el arco del deseo; además, allí encontrará multitud de documentos relativos a esta cuestión). Además de esta suspensión de imágenes y ofrecimiento de textos, se sugiere la realización de debates y la recogida y difusión de impresiones de los espectadores y participantes.

 

4. La tercera obra se compone de cuatro elementos: el primero lleva por título "Tengo celos" y consiste en la construcción sobre una de las paredes de la sala de una frase ("no quiero verla") mediante la superposición de capas de cinta adhesiva transparente; busca (esas son sus palabras) situarse dentro del ámbito de la insinuación jugando con las transparencias, con lo visible-invisible. El segundo se titula "Love is in the Air"; en él tres difusores exhalan cada cuarto de hora los tres colores-luz básicos, mezclándose la emisión sobre el vidrio de la ventana de la sala. El tercero es "Depende del día": se trata tres imágenes vectoriales (pero preparadas en tres dimensiones) de una mano cuyo juego de dedos indica diferentes tamaños o distancias. El cuarto es "Contactos", obra en progreso que ha de completarse a través del correo electrónico; consiste en la instalación de papeles encolados en una de las paredes de la sala sobre los que se irán colocando fotografías intercambiadas a través de Internet.

 

5. Esto, por lo que hace al contenido de las obras presentadas. En lo que respecta a la discusión del jurado, se dijo antes que había habido verdadero debate y que la decisión fue muy ajustada y, en cierto sentido, insatisfactoria desde una teoría exclusiva de la decisión (es decir, no fue a todo o nada, sino que buscó "dar vida" a todos los trabajos presentados). He aquí, grandes líneas, la justificación del fallo:

 - Respecto a la propuesta que luego resultó ganadora, se valoró su potencia conceptual y la reflexión que buscaba explicitarla; estas cuestiones primaron sobre la objeción que apuntaba a la dificultad de su plasmación efectiva;

 - Respecto al segundo proyecto, fue decisivo el hecho de que, a pesar de su interés, el total desentrañamiento de la obra (conceptualización y realización del deseo) exigiría entrar en el interior de la sala, lo que no se ajustaba del todo a lo pedido en la convocatoria: visibilidad "desde la ventana";

- Respecto al tercer proyecto, se consideró que, siendo cada uno de los elementos propuestos interesante y valioso en y por sí mismo, su propia individualidad y la ausencia de una justificación que los conjunte, dificulta su consideración (física y conceptual) como unidad.

 

6. Para cerrar estas páginas, me gustaría hacer un par de consideraciones a propósito de esta convocatoria, alguna de las cuales ya ha sido apuntada.

En primer lugar, sobre el concepto de juicio en arte. Desde el mismo momento en que nos pusimos a considerar los trabajos presentados (proyectos y justificaciones), revoloteaba sobre nosotros entorpeciendo nuestras deliberaciones uno de los rasgos del arte actual: la conciencia de la inagotable fuerza de la creatividad para incrementar lo que hay, para abrir mundos. Frente a la pulsión mimética (tan necesaria), la facilidad de la multiplicación que abre incluso la obra en apariencia más modesta. Esto desasosiega a los muchos que entienden el arte como algo extraordinariamente sublime, como algo muy minoritario tanto en su ejecución como en su comprensión y degustación. Vivimos, sin embargo, en un momento de ampliación del concepto de lo artístico y, por ello, de gran dificultad criteriológica: porque cabe pensar (con razón) que arte es toda aquella acción que es capaz de abrir un mundo, aunque sea minúsculo o ínfimo. Arte es, sobre todo, indicación de futuros, de posibilidades. De ahí la dificultad de juzgar: porque, aunque no toda obra sea arte, el número de obras que son arte es cada vez (proporcionalmente) mayor: hoy es más fácil abrir mundos que antes de las vanguardias; hoy no se necesita tanta pericia o tanta cultura. Y, de ahí, el problema del juicio: dado que el arte no mira "hacia atrás" (realismo naturalista, realismo social: arte mimético o ejemplarizador), dado que el arte no "capta" sino que "abre", el criterio, por una parte, resulta insuficiente (¿desde dónde juzgar o conmensurar las aperturas? ¿Desde algo no artístico? Y si es así, entonces, ¿no subordinamos la creatividad a otra cosa que, a su vez, es fruto de la creatividad?); por otra, lo sentimos como demasiado cruel: porque toda decisión significa apartar (negar, minusvalorar) aquello por lo que no nos hemos decidido y, con ello, un hablar mal de la creatividad, una negación de la potencia creativa que, al ser abierta, puede que no estemos valorando en toda su potencia futura (pues, ¿quién se atreve a decir que ha captado todo lo que una obra encierra cuando el paso del tiempo y las interacciones que genera formar parte desde ahora mismo –conceptualmente- de la obra, aunque no sepamos cómo serán). Estamos a la búsqueda de un lenguaje (y de una forma de exposición) que nos permita decidir-salvaguardando (y también salvaguardando nuestro juicio de críticas futuras), decidir sin blasfemar sobre la creatividad, sobre los mundos que, una vez abiertos (y nosotros lo vemos en esas obras), y bien abiertos, son de alguna manera negados por nuestra decisión o por la obligatoria jerarquización a la que nos vemos obligados. Nosotros, en esta ocasión, hemos salvado este obstáculo otorgando premio y mención y considerando la posibilidad de materializar la tercera obra. Pero en otras circunstancias no será tan fácil; y esto plantea un grave problema. O quizá debamos convertir el problema en solución.

En segundo lugar, y ligado con lo anterior, se nos plantea otra cuestión sobre la naturaleza de la acción postmimética. Se trata de lo siguiente: el arte actual (y acabamos de ver cómo arte es un concepto expansivo y no restrictivo) no es ni mera imitación ni mera expresión ni mera búsqueda: es una forma de saber (de abrir mundos nuevos, de habitarlos siquiera con el pensamiento o la fruición; de ampliar indefinidamente lo que hay o puede haber). El arte no es ornato sino experiencia que busca la multiplicación: y en un mundo como el nuestro, sabemos incluso que el tradicional saber exacto y reductivo a la par que sublime (la ciencia) no es sino una forma de arte (una acción postmimética, creativa). El arte –todo arte- es, por ello, extremadamente valioso. De ahí lo que antes decíamos: nos duele (porque sabemos lo que acabamos de decir) descartar cualquier atisbo de creatividad, porque, con ello, estamos dando de lado a lo valioso de nuestro ser, de nuestro experimentar y vivir.

En esta línea, ¿es acaso casualidad que las tres obras sean experiencias absolutamente contemporáneas? No son, quiero insistir en ello, pues otra cosa es desvirtuar el saber del arte (y ensalzar excesivamente otro tipo de saberes), mera ilustración de un contenido conceptual ya tematizado, sino que son ellas también, a su modo, ese contenido: son saber. Un saber que es cuestión, un saber que busca –en la sugerencia- abrir caminos, abrir futuros: la infinición y sus matices reflexivos como marco en el que nos movemos (primer trabajo); el mundo del deseo como articulación significativa de la existencia (segundo trabajo); la fuerza de la sugerencia y del juego como fundamento y estructura de lo que aparece como decisivo (tercer trabajo). Laberinto, deseo, juego: tres rasgos capitales de la realidad actual.

En suma, y para terminar: la timidez del jurado ante las obras presentadas muestra su conciencia de que se trata de obras "concurrentes", pero que sólo compiten entre sí a determinado nivel: el que trazan las bases del concurso. Cabe preguntarse entonces, ante todo juicio artístico, ante una valoración que parecemos obligados a pronunciar: ¿qué tipo de competencia –en todos los sentidos de la palabra- es la competencia artística? Y si las obras no compiten en sentido estricto, ¿en qué relación están entre sí? Se trata de algo sobre lo que hay que volver.

© José Antonio Méndez Sanz. Oviedo, 1 de octubre de 2007.

 

 


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